¿QUÉ LE ESTÁ PASANDO A NUESTRA HUMANIDAD?: NO HAY RESPUESTAS PARA ENTENDER LA MASACRE DE TEXAS

Escribo consternada por lo que pasó en el pueblo de Uvalde, Texas, (USA), en la escuela Roob Elementary School, el pasado 24 de mayo, triste fecha cuando los medios de comunicación divulgaron la noticia de la masacre que sufrieron los niños que asistían a sus últimos días de clase del ciclo escolar 2021-2022…

 Por Quetzal ZAZIL

Desde Ciudad de México

Con profunda pena me enteré aquel día que un loco de 18 años había entrado a la escuela durante la mañana, armado con un fusil AR.15 y varios cargadores.

Se dirigió al salón del Cuarto Año de Primaria. Cerró la puerta abruptamente y gritó: “¡Es hora de morir!”

Fue un día de terror. De sólo imaginar lo que ahí sucedió se me eriza la piel y me infunde mucho miedo y, a la vez, vergüenza de a lo que ha llegado la humanidad, y en el mundo en que estamos viviendo y dejando a las nuevas generaciones, sobre todo a los más pequeños.

Los niños, los maravillosos niños, bellos, puros de corazón, los sagrados niños, los bienaventurados niños, porque de ellos es el Reino de los Cielos, como lo señaló Jesús en el Monte de las Bienaventuranzas.

Los niños, son víctimas de nuestros errores como humanidad, incluso desde antes de nacer.

Me pregunto: ¿qué cuentas vamos a entregarle al Creador de este mundo? Aún no tenemos claro que lo qué tenemos que hacer. Y es “amarnos” como Él nos amó.

No hemos entendido, ni aplicado, ni tomado en cuenta, ni hemos hecho caso de un mandamiento divino; aún no creemos que la fuerza más grande del Universo es el AMOR. Y es en lo que nos debemos enfocar.

Ahí están los curas pederastas escondidos en una sotana e hipócritamente hablan de lo que no practican, usando como escudo una religión que utilizan para violar, engañar y destruir vidas de niños y familias lastimadas para siempre por sus bajos instintos.

Ahí están los propios familiares de los niños y niñas maltratándolos, explotándolos, utilizándolos, quitándoles la inocencia, su integridad, su valor, marcándolos para el resto de sus vidas con un dolor fuera de toda razón, amor y compasión.

Y, sin duda, ahí están los locos violentos armados de rifles, pistolas y municiones de alto impacto, planeando asistir a las escuelas para desatar su furia o su malsano gusto por matar y disparar en un salón de clases con alumnos inocentes.

Las escuelas son santuarios del saber, los templos donde van los niños y jóvenes a aprender, conviviendo felices con sus maestros(as) quienes los aman y los acogen como si fueran sus padres. Allí los tiernos alumnos encuentran a sus primeros amigos, inolvidables amigos de la infancia con quienes se disfruta, se juega y se aprende a amar como a hermanos. Encuentran sus primeros amores, sus primeros descubrimientos de los misterios de la vida, con sus alegrías y desencantos. Descubren sus primeros libros de cuentos, sus crayolas para dibujar, sus impecables cuadernos donde plasman sus primeras letras y dibujos que conforman un valioso  tesoro.

Su escuela es su segunda casa, adonde concurren felices para vivir el día a día, ávidos de curiosidad por saber qué les van a enseñar ese día, a qué juegos van a compartir, qué canciones entonarán en la clase de música, qué actividades practicarán en la clase de educación física… Y luego el ansiado recreo que les espera con sus compañeros para intercambiar el lunch y disfrutar la sabrosa paleta de dulce.

Es fascinante lo que pasa en una escuela y en un salón de clases: es como una oración al cielo vivir el día a día con los niños que nos enseñan tanto, que son unos maestros en el arte de vivir el presente, que saben amar incondicionalmente. Son libres y saben expresar sus emociones y sentimientos.

Así estaban en su salón esos niños de Cuarto Año de Primaria de la escuela de Uvalde, Texas, cumpliendo con sus actividades finales, pues sólo faltaban dos días para finalizar el ciclo escolar. Escuchaban atentos a sus dos maestras, compartiendo un día de escuela normal, cuando un loco de 18 años irrumpió violentamente en el salón, cerró la puerta estrepitosamente y los amenazó gritando: “¡Es hora de morir!”

La hora del terror había comenzado. Las revelaciones de los niños sobrevivientes son horrorosas. Una pequeña dijo que jamás podrá olvidar las carcajadas demoníacas del autor de la horrible masacre, donde perecieron 19 niños y 2 maestras.

Dos pequeños que lograron esconderse, se tomaron de las manos y rezaron. Dicen haber sentido la presencia de Dios con ellos.

Resulta incomprensible entender que aquéllas dos maestras fueran acribilladas, perdiendo sus vidas al lado de sus niños que asistían a su diaria actividad escolar.

Los testimonios publicados de cómo era cada niño que perdió la vida, son conmovedores y cimbran el alma al saber cuántos sueños tenían y cuánto progreso habían logrado gracias a su creatividad ilimitada con la que nacen. Sus fotos son igualmente reveladoras de la alegría y la pureza de sus almas.

Fueron 40 minutos de terror al interior de la escuela; pero para los padres y familiares de esos pequeños, fueron interminables horas de pánico, angustia, impotencia y miedo al no saber lo que había pasado ahí dentro con sus hijos…

Qué día tan terrible para todos los involucrados en esta horrible masacre, que no sólo mató personas, sino que mató esperanzas, alegrías, sueños, anhelos de sus angustiados padres que se quedaron sin sus hijos, sus amores, la proyección de sus vidas…

¿Cómo se puede consolar a esas familias? ¿Cómo se puede entender qué está pasando en este mundo, en nuestra humanidad?

Las consecuencias son infinitas y profundas para todos los que sufrieron este espantoso atentado.

Por eso sigo preguntándome: ¿Qué cuentas vamos a entregarle a Dios? ¿De qué manera estamos cuidando, protegiendo y amando a los niños del mundo? Interrogantes que, por ahora, desgraciadamente no tienen respuestas…